La dislalia es la dificultad para pronunciar uno o más sonidos del habla cuando ya pasó la edad en que la mayoría de los chicos los dice bien. Es una de las consultas más frecuentes en fonoaudiología infantil y, en la mayoría de los casos, responde muy bien al tratamiento. Hoy los profesionales suelen hablar de trastorno de los sonidos del habla, que incluye lo que tradicionalmente se llamaba dislalia.
- Antes de los 4 o 5 años, muchos “errores” son parte normal del desarrollo (la llamada dislalia evolutiva).
- Los sonidos más afectados en español son la R/RR, la S, la L y los grupos como tr, pl, bl.
- Puede tener distintas causas: aprendizaje del movimiento, audición, o diferencias en boca y dientes.
- El diagnóstico lo hace un/a fonoaudiólogo/a; en casa, lo que más ayuda es el juego y no la corrección constante.
¿Qué es exactamente la dislalia?
Un niño con dislalia sabe qué quiere decir y conoce las palabras, pero no logra producir bien algún sonido: lo omite (“apato” por zapato), lo cambia por otro (“tasa” por casa) o lo distorsiona (una s que sale con la lengua entre los dientes o con aire por el costado).
No tiene que ver con la inteligencia ni con cuánto vocabulario tiene. Muchos chicos con dislalia hablan muchísimo; simplemente un sonido —o unos pocos— todavía no les sale como al resto.
Tipos de dislalia
La clasificación clásica, que todavía se usa mucho en el Río de la Plata y en España, distingue cuatro tipos según el origen:
- Evolutiva o fisiológica. Es la que forma parte del desarrollo normal: un chico de 3 años que dice “lana” por rana. No es un trastorno y suele resolverse sola.
- Funcional. No hay ninguna causa física: el niño aprendió un movimiento incorrecto de la lengua o los labios y lo automatizó. Es la más frecuente después de los 5 años y la que mejor responde a la práctica guiada.
- Audiógena. Se debe a que el niño no oye bien. Si no escucha con claridad un sonido, no lo puede copiar. Por eso, ante cualquier dificultad del habla, lo primero suele ser descartar un problema de audición, por ejemplo después de otitis repetidas.
- Orgánica. Hay una diferencia en las estructuras que intervienen en el habla (frenillo corto, fisura de paladar, mordida, dientes) o en el control neurológico de los músculos. Suele requerir un abordaje junto con otros profesionales.
Los profesionales también distinguen entre dificultades fonéticas (cuesta el movimiento de un sonido) y fonológicas (cuesta la organización de los sonidos en las palabras, con patrones que afectan a grupos enteros). Esta diferencia cambia el tipo de tratamiento, y es una de las razones por las que vale la pena una evaluación.
Los sonidos más afectados
Se les suele dar nombre según el sonido: rotacismo (la R), sigmatismo (la S; el “ceceo” de la S con la lengua entre los dientes es un tipo), lambdacismo (la L) y deltacismo (la D). En niños hispanohablantes, la R y la S son por lejos los más comunes. Si te preocupa la R, tenemos una guía específica: Mi hijo no dice la R.
Señales para consultar
Ninguna señal sola es un diagnóstico, pero sí un buen motivo para pedir una evaluación con un/a fonoaudiólogo/a:
- A los 4 años, a las personas de fuera de la familia les cuesta mucho entenderle.
- A los 5 o 6, cambia u omite varios sonidos que la mayoría ya dice (la tabla de sonidos por edad te sirve de referencia).
- La s sale con la lengua entre los dientes o con aire por los costados después de los 5.
- Aparecen sonidos que no existen en español, como una r gutural.
- Tuvo muchas otitis o te parece que no siempre escucha bien.
- Se frustra, evita hablar, o los compañeros se burlan.
- Pierde sonidos o palabras que ya tenía: en ese caso, consultá sin esperar.
Empezar temprano ayuda. Muchos tratamientos de dislalia funcional son breves, y cuanto antes se trabaja un sonido, menos tiempo tiene el movimiento incorrecto para automatizarse.
Cómo acompañar desde casa
La práctica en casa no reemplaza al tratamiento, pero lo potencia muchísimo. Algunas claves:
- Poco y seguido. Diez minutos por día rinden más que una hora el fin de semana.
- Modelar en lugar de corregir. Si dice “tasa”, respondé “¡sí, vamos a casa!” sin pedirle que repita. Escucha la forma correcta sin sentirse evaluado.
- Jugar con el sonido, no solo con palabras. Ruidos de animales, motores, viento: son la forma más divertida de entrenar labios y lengua.
- Leer en voz alta juntos. Cuentos con rimas y repeticiones le dan muchas oportunidades de escuchar el sonido.
- Celebrar el intento, no solo el acierto.
- Seguir las indicaciones de su fonoaudióloga y contarle qué funciona en casa.
Si buscás ideas concretas, armamos una lista de 12 juegos para estimular el habla que no necesitan materiales.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la dislalia en niños?
Es la dificultad para pronunciar uno o más sonidos del habla después de la edad en que la mayoría de los niños ya los dice bien. Hoy se suele incluir dentro de los trastornos de los sonidos del habla.
¿Cuáles son los tipos de dislalia?
La clasificación clásica distingue la dislalia evolutiva (parte del desarrollo normal), la funcional (un movimiento aprendido de forma incorrecta), la audiógena (por dificultades de audición) y la orgánica (por diferencias en boca, dientes, paladar o control neurológico).
¿La dislalia se cura?
La mayoría de las dislalias, sobre todo las funcionales, responden muy bien al tratamiento con un fonoaudiólogo, y muchas se resuelven en pocos meses de práctica.
¿A qué edad hay que preocuparse por la dislalia?
Antes de los 4 años muchos errores son normales. Conviene consultar si a los 4 años cuesta entenderle, o si a los 5 o 6 años sigue cambiando u omitiendo varios sonidos.
Fuentes
- Céspedes Navarro, C. E. (2011). Trastornos del lenguaje oral. Revista Digital CSI-F Enseñanza, n.º 38. Ver fuente
- Bosch, L. El desarrollo fonológico infantil: una prueba para su evaluación. Universitat de Barcelona. Ver fuente
Este artículo es informativo y no reemplaza la consulta con un/a fonoaudiólogo/a. Cada niño tiene su propio ritmo; si algo te preocupa, consultá a un profesional.



